MENSAJES

 

MENSAJES DE GERARDO VERA
LA COMUNIÓN CON DIOS ES ANTES QUE EL SERVICIO
Lucas 10:38-42

Todos los derechos de autor y reproducción reservados. Autorizada su reproducción citando la fuente y el autor.

 

(38) Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. (39) Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. (40) Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. (41) Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. (42) Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada

 

Introducción

La historia que vamos a ver hoy ocurre en una aldea llamada Betania. Betania se encontraba a tres kilómetros de Jerusalén, del otro lado del Monte de los Olivos. Betania era un suburbio de Jerusalén al cual se accedía por un sendero que atravesaba la cima del Monte de los Olivos y algunos sostienen que el Señor Jesús había establecido en algún momento su morada en ese lugar, desde el que iba y venía al templo de Jerusalén.

Desde Betania y por ese sendero es que el Señor Jesús hace su entrada triunfal a Jerusalén, y también los días siguientes.

Y los protagonistas son personas muy queridas por el Señor Jesús, eran sus amigos. En primer lugar, mencionaremos a Lázaro, aquel hombre al cual el Señor resucitó 4 días después de haber muerto y estando en el sepulcro. Aunque él no aparece en este relato, ocurre en la casa de él y sus hermanas, Marta y María. Los hechos ocurren en ocasión de una de las visitas del Señor Jesús a su casa, y de ellos vamos a poder extractar varias enseñanzas. En primer lugar vamos a ver que...

 

I - Adoramos al Señor sirviéndole

(38) Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.

Para entender mejor la situación, primero tenemos que conocer a uno de los personajes. Entonces cabe preguntarnos...

 

a - ¿Quién era Marta?

Como hemos dicho, Marta era hermana de Lázaro y María. El hecho de que el texto indique que “Marta le recibió en su casa”, puede ser tomado como indicativo de que era la mayor de los hermanos, y la que supuestamente estaría a cargo de todo. Seguramente ella debió hacerse cargo de sus hermanos al faltar sus padres. Esto podemos deducirlo por el hecho de que no se nombran sus padres sino que se la asigna a ella como “cabeza de familia”. Tampoco es la casa de Lázaro. Es la “casa de Marta”.

Marta tiene un lugar destacado en la narración de los evangelios. En ocasión de la muerte de Lázaro, Marta y María mandan llamar a Jesús para que lo sane, pero Jesús, que se había escapado de Jerusalén de los judíos que querían apedrearlo, demora su regreso sabiendo lo que Dios iba a hacer y Lázaro muere. Entonces el Señor Jesús regresa a Betania, llegando cuatro días después de que Lázaro fue sepultado en un sepulcro. Entonces ocurren estos hechos que relata el Evangelio de Juan (Juan 11):

(20) Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. (21) Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. (22) Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. (23) Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. (24) Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. (25) Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. (26) Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? (27) Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.

Ahora sabemos que Marta tenía claro quien era Jesús. Ella no sólo tiene una relación con el Señor Jesús sino que por esta relación cree en Él y declara que Jesús es el Hijo de Dios. Pero volviendo a la visita de Jesús a su casa, vamos a considerar cual fue...

 

b - La actitud de Marta

(40) “Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude”.

La Palabra de Dios nos dice que “Marta se preocupaba con muchos quehaceres”. Ella recibe al Señor en su casa y quiere demostrarle su amor a través de servirlo. A través de prepararle una buena comida, de agasajarlo.

Debemos entender la cultura en que esto ocurre. En la cultura de medio oriente, el ser “hospedador” y buen anfitrión es una cuestión cultural. El momento de la comida es el momento en que se comparten historias y enseñanzas, y esto es lo que estaba ocurriendo en la casa de Marta.

Por otra parte, dijimos que Marta sería la hermana mayor y que no contaba con sus padres. En una familia, los hijos mayores, generalmente, son aquellos que llevan mayor responsabilidad y esto forma parte de su carácter, que los hace ser más serios y cargarse de responsabilidades. Vemos que Marta “se preocupaba con muchos quehaceres”. Ella también se toma las cosas con mucha preocupación, con un exceso de responsabilidad y se esfuerza en hacer muchas cosas, se cargaba con un exceso de ocupaciones.

En este momento Jesús estaba en su casa y ella reaccionó de la manera en que estaba acostumbrada: con muchas actividades: cocinando, sirviendo, cuidando los detalles. Sólo que se está perdiendo lo más importante. Por demostrar su amor al Señor Jesús sirviéndolo, se pierde estar con Él.  

 

Enseñanza para nuestras vidas:

Esto muchas veces nos ocurre a nosotros. Nos cargamos de actividades para demostrar nuestro amor al Señor. Pueden ser actividades de la Iglesia, pero también podemos cargarnos de otras actividades que ni siquiera sean para el Señor. A esto lo conocemos como “activismo”.

Una forma de adorar al Señor es a través del servicio. Pero cuando caemos en el activismo, podemos perder de vista el objetivo de nuestra actividad: la adoración al Señor. Y en el medio podemos perder, no sólo nuestra comunión con el Señor, sino también nuestra comunión con nuestros afectos.

Hemos visto entonces que adoramos al Señor sirviéndole, y también...

 

II – Adoramos al Señor pasando tiempo con Él

(39) Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.

Ahora, entonces, vamos a centrar nuestra atención en la otra protagonista de esta historia para ver...

 

a - ¿Quién era María?

María, vimos, era hermana menor de Marta. No sabemos si era la menor de los tres hermanos, pero sí sabemos que era bastante diferente de Marta.

Como no era la hermana mayor, María descansaba en la responsabilidad de su hermana para conducir la casa, la familia. Ella no tenía ese peso, ni cultural, ni de la vida. Ella estaba más aliviada en cuanto a responsabilidades y quehaceres. La Palabra de Dios no nos aporta datos de sus edades, pero si vivía con sus hermanos ella era soltera, era una doncella, y debe de haber sido joven. Tampoco tenemos datos de cuando les faltaron sus padres, pero seguramente su hermana, al tener que tomar su rol como jefa de la familia, habrá cumplido en cierta forma un rol materno y debe haberla protegido.

En el suceso de la muerte y resurrección de su hermano Lázaro, ella y su hermana fueron acompañadas por mucha gente que las consolaba. Ya no tenían a sus padres y ahora habían perdido a su hermano, lo que, además, en ese tiempo era una tragedia muy grande ya que quedaban desamparadas.

Al enterarse que el Señor Jesús llegaba de regreso, mientras Marta sale a su encuentro, dice la Palabra que María se quedó en su casa. Después de que Marta hace la declaración de su fe en Jesús ocurre el siguiente episodio (Juan 11):

(28) Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama. (29) Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y vino a él. (30) Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado. (31) Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. (32) María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. (33) Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, (34) y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. (35) Jesús lloró. (36) Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.

María también sabía que Jesús podía salvar a su hermano. Los hechos nos muestran que ella se ha quedado en casa por la profunda tristeza que le causó la situación. Y es su llanto el que estremece en espíritu y conmueve a Jesús, tanto que lo mueve a llorar a su amigo.

Volviendo a la cena, también analizaremos...

 

b - La actitud de María

(39) Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.

María, a diferencia de Marta, abandonó todo para sentarse a los pies de Jesús. No le importó nada, ni siquiera dejar de ayudar a su hermana, con tal de escuchar las palabras del Hijo de Dios.

Ella demostró su amor al Señor a través de escuchar atentamente su voz, de estar tiempo con Él.

También vemos, en otra parte de los Evangelios, que es María la que después de la resurrección de Lázaro, previo a que el Señor Jesús hiciera su entrada triunfal en Jerusalén, cenando en su casa junto a su hermano resucitado, mientras su hermana Marta nuevamente es la que sirve, ella derrama un “vaso de alabastro de perfume de gran precio” sobre Jesús y enjuga sus pies con sus cabellos.

 

Enseñanza para nuestras vidas:

Adoración no es solamente cantar lindas canciones. La comunión con el Señor forma parte de la adoración. Es necesario pasar tiempo con Él. No hay forma de escuchar lo que Él quiere decirnos más que leyendo Su Palabra y escudriñarla cada día, pasando un tiempo de oración, en el tiempo que comúnmente llamamos: “devocional”.

Hemos visto que adoramos al Señor sirviéndole. También hemos visto que adoramos al Señor escuchándole. Lo que nos lleva a tener que determinar un orden de prioridades. Entonces vamos a ver que...

 

III. Adoramos al Señor en respuesta a su revelación

Es decir, que en primer lugar...

 

a - La revelación de Dios impulsa nuestra adoración

(41) Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. (42) Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada

Jesús está diciendo que sólo una cosa es necesaria, en contraste con las muchas cosas que hace Marta. Amorosamente, Jesús le enseña que es necesario pasar tiempo con Él, estar en comunión con Él.

Nosotros adoramos a Dios porque Él se reveló a nosotros. Romanos (10:14) dice “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?” No podemos adorar lo que no conocemos. No podemos adorar a Dios si Él no manifestó su amor y misericordia a nuestra vida. Podemos adorar al Señor sólo si lo conocemos. Y no hay forma de conocer a nadie si no es pasando tiempo con esa persona. Necesitamos la comunión con el Señor. Necesitamos escoger la “buena parte”.

Hemos dicho que la revelación de Dios impulsa nuestra adoración, y que el servicio es parte de nuestra forma de adorar a Dios, por lo tanto...

 

b - La revelación de Dios impulsa nuestro servicio

Nunca es al revés. No es por nuestras obras que tenemos comunión con el Señor, sino que es pasando tiempo con Él. Necesitamos que Él nos hable, y nos diga lo que espera de nosotros.

Pero no sólo es cuestión de que Dios hable. También necesitamos escuchar. El problema de Marta es que el estar “afanada y turbada” en hacer cosas para Dios, no le permitió tomarse un segundo para preguntarle al Señor que es lo que Él quería de ella en ese momento. Lamentablemente muchas veces también se censura la actitud de Marta de involucrarse en el servicio a Dios, pero no es eso lo que Jesús censura sino que lo que el Señor Jesús censura es que lo haga en el momento menos oportuno, Que no deje todo para estar con Él, en el momento que Él entró en su casa.

 

Conclusión

Nuestro servicio a Dios es necesario como parte de nuestra adoración. Pero es más necesario y prioritario pasar tiempo con el Señor. La comunión es antes que el servicio. Nunca después.

De la comunión dependerá que tengamos un correcto conocimiento del Señor y que podamos decir como el Apóstol Pablo: “yo sé a quién he creído” (2 Timoteo 1:12)

Y teniendo un correcto conocimiento del Señor, a través de Su Palabra, de nuestro servicio depende que otros conozcan al Señor. Él nos ha confiado el mensaje de salvación, Él nos usa para revelarse a los otros. Por eso el resto del pasaje de Romanos (10:14b -15) dice: ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? (15) ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!”.

Debemos hacer lo uno sin dejar de hacer lo otro. Es necesario que hagamos nuestra parte en la extensión del Reino de Dios, que seamos fieles en cumplir con los mandamientos del Señor, entre los cuales está compartir con otros la Buena Nueva de salvación, para que otros puedan experimentar el amor del Señor. Pero antes debemos tener comunión con el Señor.

Gerardo Hernán Vera

 

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